lunes, 29 de marzo de 2010

Opinión. Tres tristes tigres. José María Fernández-Palacios

El título del presente artículo no hace referencia al conocido trabalenguas, sino a una desgracia -no encuentro una palabra mejor para definir lo ocurrido- que ocurrió la semana pasada en Agüimes, Gran Canaria, cuando tres hermosos ejemplares de tigre – para Leonardo da Vinci, los felinos constituyen la obra más perfecta de la naturaleza–que se habían escapado unas horas antes del “Cocodrilo Park”, fueron abatidos por la Guardia Civil.


Para quien aún no lo sepa, el tigre (Panthera tigris) constituye el más grande de los felinos existentes en la actualidad y su tamaño es comparable al de los mayores felinos extintos, como el león de dientes de sable, pudiendo alcanzar los 300 kg de masa corporal. El tigre está constituido por seis subespecies vivas (las de Bengala, Indochina, Malasia, Sumatra, Amur y Xiamen, ésta última al borde de la extinción) y por otras tres extintas en tiempos recientes (las de Bali, Java y Caspio). En la actualidad se cree que pueden existir unos tres mil tigres salvajes y unos veinte mil que viven en cautividad.


La mayor parte de los que viven en cautividad, salvo en lugares civilizados en donde los tigres viven en parques que priorizan la investigación y la conservación y donde estos predadores poseen grandes superficies para desplazarse (parques que no existen en Canarias, por mucho propaganda que se invierta en hacérnoslo creer), lo hacen como en Agüimes, en condiciones lamentables, en unos autodenominados zoológicos que en realidad debieran llamarse más adecuadamente campos de concentración para animales. Allí malviven hacinados en jaulas sucias de pocos metros cuadrados, sin que puedan salir a dar paseos, como hacen en la naturaleza estos grandes depredadores merodeando en busca de sus presas. En estos centros, por llamarlos de alguna manera, muchas veces los animales salvajes conviven en las mismas jaulas con animales domésticos, como por ejemplo gacelas con cabras, y la calidad y cantidad de comida que se les da es absolutamente inapropiada, estando habitualmente desnutridos y desquiciados. El único objetivo de estos lugares es el lucro a toda costa, aunque para ello tengan que recortar en gastos relativos al bienestar de sus animales, que viven con una absoluta falta de dignidad. En nuestro caso, la curiosidad de tres tigres jóvenes que encontraron la puerta de su celda abierta por una negligencia, fue pagada con la muerte.


Más lamentable aún es que nuestras autoridades permitan estos atropellos a la dignidad de los animales, mirando para otro lado cuando estas instalaciones son denunciadas, como de hecho ya ocurrió con este lugar, en lugar de cerrarlas definitivamente. Dijo Mahatma Gandhi que un país se puede juzgar por la forma en que se trata a sus animales. Si Gandhi levantará la cabeza a los canarios nos pondría con mucha razón un cero patatero.

José María Fernández-Palacios, miembro de la Coordinadora Insular de Sí se puede.

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